Recuerdos del  desamparo a distancia

Fue un listado de nombres. Raros. Los escuché en la radio del ómnibus. Que había pasado? Había volado la AMIA. La AMIA?  A la vuelta de nuestra oficina? Si claro. Esa lista de nombres eran los muertos ya identificados

Un estruendo indescriptible y un ruido insonoro,hueco.  La ciudad crujió ese dia. La explosión se llevo puesta vidas, bienes, sueños, y probablemente también a la verdad.

Habiamos llevado a cabo las 1ras. Jornadas de Capacitacion Profesional en el hotel Bauen. El tema era la Patologia y Terapeutica Edilicia. Casi una ironia. El campo de batalla vecino se transformaba en un instante en el sitio de trabajo futuro.

Cuentos, cuentas, relatos, mentiras, operaciones. La voluntad de la gente encima de los escombros. Reemplazando con ganas la falta de conocimiento ante una catástrofe.

Nos enteramos que venían servicios secretos desde Israel. Se dijo que ya traian una maqueta del edificio. Pedían liberar la caja de ascensores para llegar a los sotanos y buscar sobrevivientes

Hicieron rancho en el primer piso de la esquina. Rancho y pizarron. Una vez mas, ante la tragedia, todos eramos del once, de la cole, paisanos. Ofrecimos relevar los edificios circundantes, para evaluar las condiciones en que habían quedado.

Días recopilando las historias jamás imaginables. La chica que se volvió a hacer fiaca y al taparse salvo su vida, cuando un instante después, miles de flechas de vidrio atravesaron sus frazadas.

La señora que quedo sepultada por su alacena y gracias a eso se salvo del derrumbe. Los que fueron justo ese dia a buscar trabajo. Porque la AMIA era un musculo social increíble, igual que ahora.

Recuerdo a la vecina de al lado de la AMIA. Maria Rosa Isabel Lima Ponce.  La uruguaya,  para nosotros. La misma que aseguró que leia la noche anterior con la luz del helicóptero que dijeron despues que nunca existió.

Pudimos hacerle cobrar la indemnización. Unos riquísimos sanguchitos de miga y una sidra fueron nuestros honorarios. Aun los recuerdo, como a sus ojos de decir verdad.

Hicimos los informes por ruina. Ruina si, ruina. Velez Sarfield, sos un fenómeno. Eso era ruina. Articulo 1646/7 y el bis también del Codigo Civil. Para que los sufrientes vecinos pudieran cobrar las indemnizaciones del Estado.

Pasaba algo raro. Era como una profecía autocumplida para algunos. Asi nos lo dijeron en secreto. La Embajada, la AMIA. Y tenían mas en esa lista imaginaria. Con ese horror ya nos bastaba.

Consultamos al que sabe mas que todos, a mi gran amigo el Dr.Daniel Butlow, que nos contestó que nuestra labor, además de ser necesaria, era imprescindible, una carga moral, una obligación profesional, una tilde de dar presente. Asi lo sentimos y lo hicimos.

Entramos de a poco en una especialidad reservada hasta ese momento, solo a algunos Illuminatti. Para divulgar el tema, para debatir las consecuencias, para prevenir mas daños. Nunca mas la patología estructural o edilicia, iba a quedar en sociedades secretas.

El poder necesitaba cerrar heridas muy pronto. En el olor acre que aun seguía con los días, nos enteramos que erà amoniaco. NH3. Del fosfato de amonio. Amfo, para la jerga. Explosivo de canteras.

Íbamos, cada vez con mas datos, armando el instante del big bang de Pasteur. A veces para nuestro conocimiento interno. Algo asi como descular el cubo mágico pero para uno mismo.

Cruzamos gente que vendió a precio vil, con viles compradores.  Temerosos de nuevos atentados. Los mismos que fiaron sus mangos a los bancos que luego se fueron a pique. (los bancos, no los dueños)

El circulo del infierno mas espantoso, recreaba su fisonomía. Show must go on. Y esta especialidad de los desastres, derrumbes, colapsos, ruinas, vicios, me conquistaba para siempre.

 

Arq. Marcelo David Almuina