Más Dios ha de permitir
Que esto llegue a mejorar-
Pero se ha de recordar
Para hacer bien el trabajo,
Que el fuego pa calentar
Debe ir siempre por abajo.
Martín Fierro

Hemos sugerido y aconsejado durante más de tres décadas, no firmar como constructor, si en realidad no se está preparado o no se desea ejercer dicha función.

Ello tiene como fundamento, la necesidad de evitar gigantescas responsabilidades, que muchas veces no son debidamente mensuradas al momento de asumir el riesgo:

Entre otras podemos recordar:

A) La violación del Código de Ética para la agrimensura, la arquitectura y la ingeniería (Decreto 1099/94 del P.E.N) que prohíbe desempeñarse como director de obra, asumiendo en forma conjunta el rol de contratista total o parcial (apartado 2.3.1.3).

B) Responsabilidades por ruina o vicios ocultos especialmente relacionadas con la obra material (Art. 1646 y 1647 Bis del Código Civil).

C) Responsabilidades especiales frente a los vecinos , por daños y perjuicios (Art. 1647 del Código Civil).

D) Cumplimiento de leyes laborales y previsionales , frente al personal obrero de la construcción y organismos estatales.

E) Cumplimiento de disposiciones legales y reglamentarias sobre higiene y seguridad del trabajo que pesan sobre el contratista.

Cuando estos riesgos son asumidos por un constructor verdadero, hay posibilidades de atenuarlos a través de seguros, garantías y cauciones ofrecidas por subcontratistas y en el peor de los casos, asumiendo la pérdida que también pudo dar lugar a la ganancia y que fundamenta cualquier negocio lucrativo.

Cuando por el contrario, los riesgos son asumidos por un profesional independiente, generalmente el final es trágico o al menos una dolorosa experiencia.

Todos los argumentos esgrimidos para demostrar la inevitabilidad de la firma como constructor son falsos, resultando muy extraño que los profesionales de la construcción (arquitectos, ingenieros, técnicos, maestros mayores de obra, etc.) no hayan podido encontrar el remedio jurídico eficaz, para escapar de la telaraña.

Van aquí algunas ideas y sugerencias:

1) En la Ciudad de Buenos Aires puede firmarse un acta compromisoria entre propietario y comitente, por la cual se acuerda que la firma de los planos como constructor, es al sólo efecto de la registración, exigida por el Art.86 de la Ley 24.441.

2) Si la obra es por contratos separados, debe exigirse al contratista parcial (auque sea unipersonal) la provisión de un representante técnico que asuma los roles de esa encomienda. (Art. 93 del Decreto Ley 7887/55) que no tiene nada que ver, con el proyecto y la dirección de la obra.

3) Debe extirparse de raíz, el concepto de dirección técnica , (muy utilizado en Córdoba e impúdicamente copiado por muchas provincias) que no sólo es ilegal sino que confunde a los jueces y parece relegar al director de obra a funciones exclusivamente técnicas que hacen olvidar el Arte que integra su obra intelectual.

4) En la Provincia de Buenos Aires, hay que esforzarse por aclarar qué significa la tristemente célebre Dirección Ejecutiva definida (por el Art 4 inciso b del titulo VIII del Decreto 6964/65) como: en caso de obras por administración en las cuales el profesional con todas las responsabilidades de director y constructor, tiene a su cargo obtener y fiscalizar los materiales, mano de obra y subcontratistas.

Aún en este caso es posible firmar un acuerdo con el comitente morigerando sus efectos y responsabilidades y acordando cuales son los limites de la encomienda.

5) En la Provincia de Santa Fé debe firmarse el acta de defunción de la conducción técnica.

Esta ilegal encomienda (violatoria del Código Civil e inconstitucional) es una de las herencias del pensamiento del Ingeniero Araya, creado para otras circunstancias y necesidades. Al fin y al cabo ya ha pasado casi un siglo, desde que con coraje intentó cambiar las cosas.

Por contrato , se puede restablecer la función jurídicamente obligatoria de la dirección de obra y evitar mayores sufrimientos.

Dos palabras finales sobre el tema Si la Ley es mala, puede cambiarla, a través de un contrato, qué se trasformará en su nueva Ley de acuerdo a lo dispuesto por el Art. 1197 del Código Civil.

Para defender sus derechos, confíe en el derecho

Por Daniel Enrique Butlow 

Abogado y Profesor titular honorario de arquitectura e ingeniería legal.