Las obras tienen a veces, su contenido de ficción, y la mayoría de las veces, en tono de comedia. A diario, y en especial sobre aquellas que son objeto de pericias en caso de reclamos por vicios de proyecto, dirección o construcción,  vemos como las órdenes contenidas en planos, planillas, memorias, pliegos y especificaciones se contradicen y oponen entre si.

El distanciamiento entre el proyecto inicial y el desarrollo posterior del proyecto de ejecución, funciona la mayoría de las veces como un espejo mal pulido, que deforma las ideas originales, muchas veces hasta limites increíbles.

La documentación inicial, empieza su camino de acuerdo al cumplimiento de los Códigos de Planeamiento y de Edificación en vigencia, conformando en la mayoría de los casos, la declaración del ideal de la obra futura, una especie de feng shui integral, a la que llamaremos realidad 1

Los sucesivos cambios impuestos por el proyectista estructural, el sanitarista, el electricista, (por citar algunos actores) convierten muchas veces a la obra en un campo de batalla que el director de obra se esfuerza la mayoría de las veces, por armonizar, en una posterior realidad 2

El trabajo sobre los muros medianeros incorpora a su vez, sorpresas no deseadas, tales como invasiones, espesores menores a los informados, paredes que eran sostenidas por las obras prexistentes, pozos ciegos adosados y estructuras imposibles de demoler que obligan a replantear el proyecto original y constituir la novísima realidad 3.

A esta altura, el calculista reformula los planos iniciales, declara la necesidad repentina de modificaciones de bases, tensores, anclajes, y su incidencia obligatoria encima de la cota cero, esto es, alterando las plantas básicas de los departamentos, o sea, la realidad 4.

Cuando estaba todo reformulado, el desarrollador-inversor-dueño-titular-mandamás, decide que para todos los trabajos extra, va  a convocar a un especialista de su confianza, y sumarlo al equipo de trabajo, porque prevé o intuye u olfatea con acierto, que los cambios también van a alterar los presupuestos.

Mientras tanto, la inmobiliaria empezó la venta de las unidades de acuerdo a la realidad 1, y prometiendo amablemente que se cumplirían los plazos, objetivos y realidades plasmadas en los folletos de venta (con rubias y niños que se reiteran, sonrientes)

Y como vender es una tarea difícil, se prometen cambios para cada unidad, con o sin costo adicional, ya que hay que fondear el proyecto 1, pero que va por el 4, y sigue sumando cambios, en un proceso continuo, que sigue avanzando.

Elevada la estructura resistente, replanteada y ejecutada la mampostería, los instaladores, (eléctricos, sanitarios, incendio, gas, telefonía, fibras varias, electrónica, domótica) convertidos en reyes modernos (reinan pero no gobiernan), modifican la realidad 4, que ya no figura sino en planos parciales, y constituyen la realidad 5. (que es contratada en base a la realidad 1, claro)

Los dueños contentos o no tanto, según los plazos, están por tomar posesión de la vivienda munidos de amigo/a que sabe mucho de todo, suegra/o (o ambos) y descubren que la realidad 1 ha quedado circunscripta a los folletos de venta donde en chiquito decía que los dibujos y planos y medidas eran solo indicativos y que bla bla bla.

La Sra., que había traído a su circulo rojo, regresa con su pareja y centímetro, cinta, metro de modista, o laser, y empieza a armar su propio conforme a obra, a la vez que se despacha con epítetos tales como “#&*”#Q” (y muchos otros), ante la brecha descubierta entre las realidades 1 y 6.

Es allí cuando se desempolvan los folletos, publicidad y estándares de calidad, a fin de empezar un reclamo de variado tenor, por incumplimiento de contrato, para evitar pagar sus saldos pendientes, y reclamar hasta las hamacas que figuraban en los renders tan bonitos.

Aquí ocurre el famoso cambio de imágenes de las paginas web, algunas veces antes de la constatación por escribano de los adquirentes (y otras veces no), para probar que las conspiraciones planetarias han pasado por esta obra.

Todo lo que sigue será doloroso. Seguramente  algún colega intentará, para expiar su culpa, basarse en la Teoría de la Relatividad General de Einstein, (aplicada a las obras), o a la Teoria de las Cuerdas, poéticamente enarboladas. Cuando en realidad, el Juez nos estará esperando con su crudo Manual de Estilo, el Codigo Civil.

 

Arq. Marcelo David Almuina  marcelo_almuina@yahoo.com.ar