Hablar de responsabilidad profesional en el marco de un Congreso de pinturas, revestimientos y técnicas de aplicaciones organizado por CEPRARA , parece una misión imposible, sólo destinada a escuchar mensajes extraños y a lo sumo aguafiestas.

Es que no se entiende cómo la pintura, definida como un producto que se presenta en forma fluida o fluidificada y que es capaz de transformarse en una película sólida y opaca, tenazmente adherida al substrato sobre el que se aplica, confiriéndole el color del pigmento que tiene en su composición , puede ser capaz de dar lugar a una acción por vicios ocultos, por ruina parcial o en todo caso a un grave y dañoso incumplimiento de contrato.

¿Cómo puede un producto tan ostensible como la pintura ocasionar un grave vicio oculto?. Y en el peor de los casos ¿cómo puede ocasionar la pintura, un vicio de gravedad suficiente, como para ser tenido en cuenta a la hora de juzgar la responsabilidad profesional?.

Van aquí algunas consideraciones a tener en cuenta a la hora de resolver estos interrogantes:

1) La pintura cumple básicamente una función de embellecimiento, que se complementa con otro atributo fundamental consistente ni más ni menos, que en la protección del soporte sobre el que se aplica.

2) Errar o desatender en la memoria descriptiva de un proyecto, el sistema completo de pintado y las condiciones de su mantenimiento, serán causales de responsabilidad profesional para el proyectista, a las que deberá atenerse en caso de daños.

3) Desatender el material de soporte, descuidar el estudio del estado de la base o no verificar con toda exactitud el régimen de temperaturas a la que deberá colocarse o estar sometida la pintura, fundarán alguna patología que transformada en vicio oculto dará lugar a la acción especial que surge del artículo 1.647 bis del Código Civil.

4) Confundir el rendimiento teórico con el rendimiento práctico del consumo y de la durabilidad, podrán hacer surgir acciones por reparación de daños donde el empresario pintor se transformará en empresario constructor, ya que aunque cueste entenderlo un pintor construye.

5) Siendo constructor, el empresario pintor también estará sujeto a responsabilidad por ruina, lo que sucederá cuando pueda demostrarse fehacientemente que su equívoco en la elección del producto, en la forma en que fue utilizado o en el plan de mantenimiento que fue recomendado, es el que en definitiva ocasionó el anticipado desgaste, rotura o falta de durabilidad del soporte material donde la pintura fue aplicada (artículo 1.646 del Código Civil).

En tiempos donde se encuentra aprobado un nuevo Código de Buenas Prácticas Comerciales y donde CEPRARA se esfuerza por determinar cuáles son las normas que debe cumplir un empresario o un profesional certificado, de poco valdrán las excusas para considerar la pintura como una actividad amateur. Aún desde lo más profundo y exquisito del derecho será conveniencia de todos actuar con alta profesionalidad rescatando una vez más la sabiduría del Martín Fierro: No pinta quien tiene ganas, sino quien sabe pintar.

 

Por Daniel Enrique Butlow

Abogado y Profesor titular honorario de arquitectura e ingeniería legal.